Quizás el nombre tan peculiar frene la difusión de esta alternativa a los biocombustibles destrozaselvas y rompecosechas más conocidos y denostados.
Crece en sitios donde no lo hacen otras plantas, con agua escasa y condiciones rebeldes. El biodiésel obtenido del fruto no envidia nada al cosechado de dinosaurios muertos.
Como en el cerdo, se aprovecha todo: el tronco da látex, las hojas, medicinas e insecticidas y la cáscara, fertilizantes. No se come; por tanto, no compite con aceites de nuestras mesas.
Las ventajas sociales «colaterales» son obvias, y sabemos que van llegando adonde antes sólo se recolectaba desesperación y miseria.