Al llegar el capítulo ocho, Virtualio debía desaparecer; no obstante, su esencia imaginaria lo dificultaba. El autor afrontaba un problema de coherencia: si el personaje era irreal, no podría suprimirlo, pues nunca había existido.
¿Cómo arreglarlo? Sencillo, invirtió los términos.
Durante las páginas siguientes, lo verdadero empezó a no serlo. Lo ficticio se materializaba y Virtualio adquiría poco a poco dimensiones medibles. Se palpó hombros, cabeza, nariz: todo sólido. Gracias, jefe, pensó, eufórico.
Cuando más disfrutaba, el relato le obligó a sortear el «Paso de la Perplejidad», ahora muy cierto, resbaló, y acabó el capítulo siete. Vaya tropezón más predestinado.
Estas crónicas no tendrán precio, sólo longitud: con cien palabras iré al meollo, destripando lo que merezca
serlo y loando lo que deba ser elogiado, en mi modesto entender, salvo que se piense que opinar
es un acto inmodesto por la distancia o la altura que ha de ocuparse para afrontarlo...
Mostrando entradas con la etiqueta premonición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta premonición. Mostrar todas las entradas
jueves, 31 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
