
Ya callan, o, al menos, bajan la voz, las almas de los cañones —¿desalmados?— defensovengadores de Israel y secos de razón de Hamás. Avanzan otras voces, entre jammames y piscinas de cumbres pletóricas de sonrisas. Imagino a esos diplomáticos quitándose las versallescas calzas y puñetas de hace varios siglos: «Pasad, pasad, sr. Presidente, la terma está ideal» «Tras vuesa merced, Sr. Olmert, ¡salam a’leikum! paz con vos».
Hasta hoy, trece centenas de corderos se han sacrificado en un holocausto imposible de digerir. Tormento silenciado —vaya casualidad— media semana antes de que el emperador negro ocupe su trono. El guión continúa.
Profundo silencio, silencio de años, silencio de todos, silencio de escuadra y cartabón.
ResponderEliminarEl título le viene al pelo. En tiempos de los romanos había Pax Augusta. Lo de Israel y Palestina es una Pax de Mierdum.
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