miércoles, 8 de septiembre de 2010

No es persona sin su café (revisitado)



Detiene el despertador a golpes —ella, yo no uso, lo confesé muchos párrafos ha—, se sumerge entre almohadas y saborea semidormida seis o siete aclimatantes minutos hasta convencerse de que el tiempo no se estira tanto como ella. Enciende alguna lámpara y, descalza, avanza hacia la cocina. Más luz, ahora de fluorescente. El sol tarda algo aún. Una taza, leche semidesnatada y el ineludible brebaje resucitador y excitante. Diríase que el filtro de la cafetera hubiera estado conservando aletargada nuestra consciencia, y la devolviese luego infundida, reforzada con cafeína, para soportar el telenoticiero matinal... o el resto del día.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Borrón sin cuenta nueva


A modo de memoria RAM volátil, como quien hace un reinicio diario o pone a cero el contador mental, el joven avatar inicia su jornada. Le cunde mucho. Pasa inadvertido mientras comete sus fechorías, repetitivas, nuevas o imaginativas, sin aparente premeditación. En su espontaneidad encuentra los mimbres de cada barrabasada; quizás, por tratar de excluir lo normal o lo rutinario. Su objetivo inconsciente es concitar la atención, o bien, mantener la audiencia. Lo consigue siempre, pues no se puede cambiar de canal.
La libreta de su materia gris se emborrona, mas sabe cómo sobrescribirla sin preocuparse por hacer cuenta nueva.

Mapas de la mente (r.)

MAPA DE UN PRIVILEGIADO USUARIO DEL SISTEMA
La vanguardia en sistemas de orientación será un dispositivo mental conectado por métodos inalámbricos a las neuronas responsables del pensamiento. Antes de usarlo, el humano —aunque no se descartan los modelos para animales de inteligencia similar, o superior, a veces— autorizará la expresión gráfica de sus vericuetos intelectuales, por espinosos que éstos resulten. En horas quedará plasmado con gran detalle el cartograma de la razón de cada individuo. No tendrá precio como herramienta de psicoespecialistas. Aún afinan los criterios para las áreas representadas. Se resiste el parámetro «Sentido común»: falta recopilar muestras de sensatez suficientes para el eje de referencia.

domingo, 5 de septiembre de 2010

No somos nadie... (r)


...y menos en pelotas, me decía un compañero de sauna.
Vestidos, algunos ganamos. Cubrimos nuestro pellejo igualitario para orientar a quien nos habla. Exentos de prejuicios (¿sí?), tendemos a filtrar mecánicamente el registro oral correcto para dirigirnos al próximo influidos por los tejidos que lo enfundan.
Expuestos, esto se complicaría: la charla debería empezar en un tono neutro válido para todos —los tatuajes despistarían algo, reconozco— y, tras unos minutos, sintonizaríamos con el grado de familiaridad o distancia sugerido por las frases iniciales.
Después, ya podríamos vestirnos, y no al revés, como suele ocurrir, para recuperar enteros, o perderlos todos.

martes, 31 de agosto de 2010

Segundos determinantes


Diez segundos más y todo habrá terminado. Ni siquiera habrá tiempo para describir lo que va suceder en ese lapso. Puedo intentarlo. El lector seguirá leyendo el texto, no es muy largo, con cierto grado de intriga, por si merececiese la pena saberlo. Conforme transcurran los segundos, su inquietud descenderá unos grados, porque ha calculado mentalmente que ya se han agotado más de la mitad y aquí no muere ni desaparece nadie. Vaya decepción. El más avisado ya estará sobre la pista, cuando quede una décima parte del tiempo pronosticado. Tan solo un segundo. Sugiero releer hasta el primer punto.

jueves, 19 de agosto de 2010

Lleva todo lo que es



Se quedó a medias o, peor aún, sólo le faltó una para terminar su carrera, cuando lo dejó —contra su voluntad, no dudemos—, pero la vida le sonrió siempre con ganas, pues en su puesto, ya de muchos años, pese a la crisis, acumula decenios de experiencia y buen hacer; tantos, que sus sucesivos jefes no habrían llegado tan alto si no hubieran contado con su ayuda y sus consejos.
Bástenos recordar que su principal valedora responde siempre «¿mi hijo? sí, lleva todo lo que es la carga dura en aquella empresa, ¡no le pagan lo que se merece!»

jueves, 17 de junio de 2010

El tiempo ahora es real


Entendemos por real el tiempo inmediato, simultáneo al momento actual, el que no nos hace desperdiciar ni un minuto aguardando a que un lento procesador ejecute sus cálculos, o que una transmisión vía satélite devuelva un dato para seguir trabajando en nuestra cronología, la humana, la de los sesenta segundos por minuto.
Disipamos la emoción y la noción de la espera, palabra ésta que, sin más dilación, quedará desprestigiada. Ya lo está, y todos quieren acortar sus listas, vana esperanza.
El amor a primera vista será flechazo en tiempo real, aunque ambos seducidos prefieran que se paren todos los relojes.

martes, 1 de junio de 2010

Rectificar es de sabios; a diario, de descerebrados


El error se presentó con abrumadora claridad. Ni los argumentos más sofisticados daban esperanzas de viabilidad a la solución de Eusebio. Se había confundido, y no le quedaba otra que recular. Una vez atrás, ganó perspectiva, y pudo apreciar cómo, en el fragor de la decisión, se le habían escapado algunos matices cruciales que ahora veía con nitidez.
Pensó en lo del árbol que tapaba el bosque, y eso, y aprovechó para aprender de su yerro, y cosechar más sabiduría.
Interrumpió sus cavilaciones el vuelo de una mosca, que no paraba de estamparse una y otra vez contra el cristal.

Me posiciono (r.)


Hay tiempos en los que es mejor no moverse demasiado, no sea que la foto salga borrosa. 
Quietos, nuestra pose simplifica la labor del daguerrotipista más zote. A eso puedo llamarlo posicionarme: si estoy de pie, estoy en posición vertical; si estoy tumbado, en posición horizontal; a medio camino, estaré sentado; agachado, flexionado o inclinado. 
En los últimos tiempos, uno también puede posicionarse con respecto a algo o alguien, lo que antes se conocía como adoptar una postura. 
Lo malo de quedarse demasiado inmóvil es que pueden colgarte una etiqueta o, lo que es peor, ponerte un precio: ¡desposiciónate ya!

viernes, 28 de mayo de 2010

Delicadeza

La observo con detenimiento, casi con cariño. Ya son años. Mi cuello no se dobla más, pero ella sigue ahí, fiel a la cita, como todas las noches. Hoy llevo camisa, y está algo mermada. No es como cuando visto un jersey de lana, o una camiseta de algodón.
Esos días todo cambia.
Será por el calor o por el tipo de tejido. Qué importa.
Tras unos segundos ambientativos, procedo, con mucha delicadeza.
Dos dedos bastan. Avanzo con ellos mientras aparto los faldones de la camisa con la otra mano. Finalmente, consigo sacar de su escondite la pelusilla umbilical. Sempiterna.

martes, 25 de mayo de 2010

El baúl sin estación


En el interior del baúl no había nada, pero aquél era una vacío incongruente, pues con sólo mirarlo, Fausto saturaba su vista. Quizás, por el forro trasnochado, estampado con ramos de retorcidos florones. Posiblemente, por el recuerdo intangible de lo que un día se apelmazó entre sus paredes, yendo y regresando, en incontables travesías de trenes y carruajes por el mundo. Seguro, por el deseo de volver a rellenar esa oquedad, y escapar enseguida de la rutina. Pronto volvería a viajar, lejos, para siempre. Su tierra lo asfixiaba. Se alejaría para bajarse de ese tren, antes de que faltasen estaciones.

jueves, 20 de mayo de 2010

Hope's Phone



Desde mi tribuna pixelada me gustaría pedirle, por favor, o exigirle, por compasión, al emperador Obama, ése que telerrige nuestra economía, que vuelva a levantar el auricular, aunque sea a cobro revertido, —total, después de Shangai, qué puede suponernos, ya gastamos en esa feria más que todos los Estados Unidos unidos, que me he enterado—; que levante el teléfono, decía, y le sugiera al de las cejas que haga las maletas y se pierda en la isla del billón sajón de mejillones, que es el único sitio donde su presencia hace gracia. Le obedecerá de nuevo, no lo dudo.

sábado, 15 de mayo de 2010

Invasión de los seres profundos (r.)


Como surgiendo de profundidades ignotas, cual montañas de hielo o aves fénix ocultas durante largas épocas, una plétora de entes apellidados «emergentes» ocupa a diario espacios de los medios. Son muy variados. El epíteto lo pueden compartir países, artistas, economías, acciones bursátiles, movimientos, artes o deudas, entre otros. Un verdadero catálogo de seres novedosos.
Cuando salgo de la piscina nadie me llama emergente, y ya me gustaría, o a mi reloj, del que sólo digo que es sumergible, ¡qué destino más humillante tiene!
Me avisen, por favor, con «carácter de urgencia» cuando lleguemos a la emergencia global: quiero estar preparado.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Aceptación


En la reunión expuse, de forma prolija, mis propuestas más innovadoras. Si todo iba bien, las ventas se dispararían enseguida, a costa de unos recursos mínimos o nulos. Genial.
Las caras compusieron una divertida colección de expresiones, desde el recelo, del más cauto, hasta el arrebato descarado, notorio a pesar del excesivo maquillaje, para mi gusto.
Diré, a fuer de sincero, que tampoco acababa de inventar la pólvora, pero sí la forma de quemarla con más chispa que anteriores artilleros de la mercadotecnia.
Sin votación, me faltó saber si logré la total unanimidad, o sólo una parcial (ésta era imposible).

domingo, 9 de mayo de 2010

Oportunos versus oportunistas


El oportuno interviene justo a tiempo, ni antes ni después. Luego hace mutis, o no, en cuanto concluye la razón de su actuación, que puede durar mucho.
El oportunista, por contra, se mantiene agazapado en atenta espera de su oportunidad. Si acierta, triunfa, y disfruta del éxito, sin miramientos. También desaparece luego, con la bolsa o el ego llenos.
En negocios, gana quien descubre la oportunidad. En el fútbol, se lleva el partido quien no desperdicia las que pierde el contrario.
En política, tristemente, los habituales las ven llegar, pero disimulan, incapaces, mientras se disipan, como si fueran a volver.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El apagón (revisitado)


Mientras el cacharro volaba brevemente hasta estrellarse en el fondo del contenedor para reciclado, Roberto tuvo tiempo de rememorar los magníficos momentos que le regaló cuando funcionaba. Diez años hacía pasado con ella; sin embargo, la nueva tecnología le forzaba a despedirse de una caja tonta que ahora lo era más, sólo porque no sabía codificar una señal compuesta de unos y de ceros: el colmo de la simplonería. Pronto regresaré aquí para tirar la batidora, la olla, la aspiradora o el cepillo de dientes, pensó, espero no ver nunca un contenedor para libros si se produce un apagón cultural.

martes, 20 de abril de 2010

Transversalina


Compuesto altamente pragmático, innovador, que combina muchos elementos del sistema periódico ideológico, sin asimilarse a ninguno de ellos.
Sintetizada y lanzada en septiembre de 2007, presenta una gran tendencia a propagarse, impregnando el tejido social de poblaciones enteras, sobresaturadas de clases dirigentes, sobradas de todo menos de clase.
De amplio espectro, entre sus principales utilidades se espera que disuelva la esclerosis bipartidista de larga duración. La dosis recomendada viene condicionada por el sentido común, la amplitud de miras y la voluntad de progreso de los administrados. Contraindicada en casos agudos de fanatismo, inmovilismo o apego a poltronas trasnochadas. Sin receta.

domingo, 18 de abril de 2010

La Descomplicación

Tiene por costumbre mi cerebro funcionar desenfrenado, ya esté su dueño despierto o dormido. Enhebra ideas y cavilaciones tan aprisa que cuando llega a la última —un suponer, porque siempre queda algo de hilo— y quiere concluir, no encuentra el punto donde empezó la costura. Lástima. El remiendo queda sin acabar, y la teoría sin rematar.
Me han informado de unos ejercicios de Descomplicación, donde se prohíbe encadenar más de tres reflexiones sin zanjar el razonamiento. Al principio cuesta, pero garantizan buenos resultados con la práctica.
Mi desgastada materia gris lo agradecerá. También dejaré reposar a mis allegados, me temo.

martes, 9 de marzo de 2010

Ocurrencia desganada (desidEa)

Sucedionos que intentábamos zanjar un problema de lindes comunitarias. Planteóse que el terreno se lo adjudicaría quien supiera cómo encauzar para siempre unas aguas que bajaban desbocadas tras los deshielos todas las primaveras. El asunto no era baladí, pues ya lo habían intentado otros anteriormente. Quedaríase con el trozo de tierra, cuya titularidad nunca estuvo clara, aquél –o aquélla— que propusiera la solución más cabal.
Púseme a reflexionar y concluí que, quizás, sería mejor que otra persona se llevase el gato al agua: no tenía ni idea, ni ganas, de arreglar el conflicto.
Pereza e ignorancia provocábanme una atroz desidea.