Estas crónicas no tendrán precio, sólo longitud: con cien palabras iré al meollo, destripando lo que merezca
serlo y loando lo que deba ser elogiado, en mi modesto entender, salvo que se piense que opinar
es un acto inmodesto por la distancia o la altura que ha de ocuparse para afrontarlo...
sábado, 26 de diciembre de 2009
Curiosidad o casualidad
«Curiosamente, tengo conmigo a la autora del libro, que ha venido para presentarlo a través de nuestros micrófonos», comenzó el locutor del programa.
Digo yo que dijo eso porque sería una circunstancia extraña, llamativa, sorpresiva o interesante.
Algo distinto sería que la citada escritora estuviera caminando por el pasillo de la redacción y, accidentalmente, el conductor se la hubiera encontrado.
En tal caso, debería haber dicho «Está junto a mí, casualmente, la autora de esta novela, que paseaba por la redacción» y añadir, quizás, «curiosamente, un domingo por la mañana, algo muy singular en una persona tan trasnochadora como ella».
jueves, 24 de diciembre de 2009
Besos de fogueo
Si la bala que se dispara para hacer ruido, sin daños, es de fogueo, ¿qué diríamos que es un beso de fogueo?
Sugerencias:
1) Provoca gran excitación pero ningún efecto profundo en quien lo recibe.
2) Se regala a quien nunca llegó a compartir destino, con efecto retroactivo, a modo de pista fogosa de lo que pudo haber sido.
3) Propio del sexo «deportivo», algo escandaloso pero sin pólvora de compromiso.
4) Genera expectativas, suerte de advertencia, antes de rellenar el cargador con los reales.
Una vez disparado, no deja casquillos ni pruebas de calibre o procedencia, ¿ventaja o inconveniente?
Sugerencias:
1) Provoca gran excitación pero ningún efecto profundo en quien lo recibe.
2) Se regala a quien nunca llegó a compartir destino, con efecto retroactivo, a modo de pista fogosa de lo que pudo haber sido.
3) Propio del sexo «deportivo», algo escandaloso pero sin pólvora de compromiso.
4) Genera expectativas, suerte de advertencia, antes de rellenar el cargador con los reales.
Una vez disparado, no deja casquillos ni pruebas de calibre o procedencia, ¿ventaja o inconveniente?
martes, 13 de octubre de 2009
Juguetes y cifras
Uno, dos, tres... hasta casi veinticinco mil juguetes para niño y para niña. Se dice pronto. Ocupan varios camiones y llegaron hace unas semanas a los campamentos saharauis. Mis amigos –les envidio, añoro aquello– están ahora en la hamada argelina, repartiendo una momentánea felicidad a la chavalería víctima del conflicto. Su gente lleva así casi treinta y cinco años. Otra cifra. ¿Es posible asignar alguna a la hipocresía occidental? Se acaban los ceros, las potencias podrían servirnos, tanto matemáticas como económicas, pero no se mueven porque el rey moro las multiplica por cero desde su trono, como a su pueblo.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Motivación laboral

Juan Perezas salió a buscar a Luis Rumboso, para acudir juntos a la oficina del desempleo y apuntarse por primera vez. Una vez allí, Pilar Competente fue anotando datos, y les preguntó sobre sus inquietudes.
Perezas miró a Rumboso con desgana, inclinando la cabeza hacia un lado, como diciéndole «¿inquieto, yo?».
Rumboso, como siempre, respondió veloz: «¡camareros de bar de estriptis!».
Competente levantó los ojos por encima de las gafas de ver, volvió a bajarlas y escribió en su ordenador lo que le dijeron. Para ambos. Total, tenían las mismas posibilidades de conseguir ese trabajo que cualquier otro: zero zapatero.
Endless (sin fin)

Al final, habré terminado. Obvio. No tanto: una vez allí, veré lo que hay más allá, hasta donde distingan mis ojos o mi imaginación, y desearé alcanzarlo.
Va con mi condición de bicho bípedo, pensante y con aspiraciones; es más, seguro que lo paso mal —puta envidia— viendo cómo otros van llegando antes, más cómodos, por mejores senderos o con menos canas, porque aprendieron diligentes. Sufriré, pero trataré de subsanar mis limitaciones, y proseguiré hasta concluir cada vez lo que inicie. Y así sin parar, mientras no me quiten los caminos, me corten las piernas o me borren los sueños.
martes, 1 de septiembre de 2009
Malena regresa de vacaciones

Todo está como quedó, quizás más bronceado, o quemado. Lo que estaba sin terminar a finales de junio, sigue inacabado; lo que no había empezado, ni siquiera nació, a pesar del abundante ocio. Lo que se rompió, aún no se ha recompuesto. Lo que se unió, sigue estándolo, menos mal.
Llegan los coleccionables, qué lata, un titánic terminado en dos años, ¿quién se anima? total, luego se hundirá.
Una muesca más a la culata de la vida, y van varias filas de diez. Ya caben menos. No todo está perdido, ésta va a ser la buena, vuelve a proponerse Malena.
lunes, 29 de junio de 2009
De lado

Un ejemplo más de la porosidad del español ante el inglés es el caso de «perfil». En otros tiempos, nos hacíamos fotos o retratos posando de lado, pero no se nos ocurría recibir visitas en tal postura. Ahora, no cesamos de cambiarlo, cual cirujanos estéticos virtuales, y alteramos su contenido, añadimos cualidades (¿prótesis?) o, si no nos complace, lo eliminamos de un clic, o dos, según güindous.
No distinguimos a los que lo tienen bajo, por muy tachenkos que sean, pues son muy discretos, ni contratamos a los de perfil profesional irregular, aunque carezcan de horribles verrugas en la nariz.
viernes, 19 de junio de 2009
Protestas en baja resolución

Llegan escenas de escasa calidad de las revueltas. Mal se distinguen pulseras y pañuelos verdes, símbolos del disgusto más allá de sus fronteras, aunque esta vez la lucha parece perdida de antemano.
Los celulares son notarios clandestinos y absorben en sus memorias la resaca de esperanza diluida en sangre que provocan los pseudodemócratas del minarete. Después, la red dispersa por el globo los disturbios con un aspecto pixelado, imposible de falsificar.
Es más fácil trastocar los resultados de las urnas, pero Teherán ofrece estos días una altísima resolución que circula mal por la banda estrecha de mente de sus ayatolás.
viernes, 12 de junio de 2009
Oremus perdido
El oficiante formulaba cada tanto una llamada a la participación: «¡Oremus!». Los fieles respondían, completando la oración. No todos sabían latín –más bien, casi nadie—, pero el imperativo era incuestionable. El que estaba en las batuecas retornaba de inmediato al rebaño.
Esto ocurría en España no hace tantos siglos.
Hoy mi ciberquejido, ya chillido impaciente, es otro exigente ¡OREMUS! para recuperar el hilo de la cordura o, mejor, para elegir celebrantes sensatos que conozcan la vaina, aunque no chapurreen latín, ni malamente inglés. El diletante pucelanoleonés ya no se digna aceptar misales ni guiaburros, con la liturgia tan avanzada.
jueves, 11 de junio de 2009
Formato calificado

La relevancia de un término de sonoridad y brillo tan exiguos como es «formato» despunta al enumerar la cantidad de calificativos que pueden acompañarlo.
Así, del tirón: reducido, familiar, económico, completo, normalizado, ampliado, extenso, básico, habitual, extraordinario, breve, largo, condensado, empaquetado, compacto, revisado, confirmado, bruto, prolongado, parcial, panorámico, horizontal, vertical, gráfico, impreso, electrónico, virtual, real, mp3, pdf, televisivo, radiofónico, comprimido, legal, apaisado, futurístico, ergonómico, incómodo, confortable, explícito, implícito, dinámico, estático, moderno, antiguo, obsoleto, limpio, inadecuado, incompatible, soportado, volátil.
Jamás tomaría un vino bueno en un vaso de plástico, ni de cristal grueso, la copa de globo sería mi formato inexcusable.
miércoles, 10 de junio de 2009
Sensación cronológica

Hay dos sensaciones de novedosa definición que nos afectan a diario: la térmica y la cronológica. La primera sobra explicarla, por archinombrada últimamente. No así la cronológica, de tan personal como se manifiesta. La hora estaría marcada por nuestro cuerpo. Igual que el viento con baja temperatura intensifica la sensación térmica de frío, al mediodía el serrano —cuerpazo— podría empezar a reclamarnos el reposo propio de medianoche avanzada. Nos despertaríamos con la sensación cronológica de haber madrugado, para que Dios nos ayude, si quiere, y trabajar, desde nuestra hora temprana, aunque sea ya la del telediario vespertino. Jetlag sin volar.
martes, 19 de mayo de 2009
Entropía

Los días de ese reino estaban contados, aunque aún fueran bastantes. Como su nombre indicaba, su desbarajuste progresivo era imparable, irremediable e irrecuperable. La energía no se transformaba, ya venía creada y sólo podía escurrirse como agua entre los dedos.
Los entropianos lo sabían, y no desperdiciaban el tiempo con inútiles tratamientos antiedad, es obvio. Vivían absorbidos en la arritmia del desorden, con cierta creatividad, cumpliendo la misión tácita de idear para sus descendientes pautas de máximo disfrute, físico y mental, hasta el advenimiento del caos definitivo.
Eran el único modelo trágico de carpe diem, sine die conocido hasta entonces.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Fidelidad inalámbrica

«Gracias a la técnica, disfrutamos de una fidelidad inaudita, en su modalidad carente de cables, libre de ataduras, para enviar ficheros, recibir fotos, comunicarnos, relacionarnos, entre otras gozadas: en inglés, guaifi.
Al ser más moderna, seguro que supera a la de antes, que no sería tan elevada como su nombre pretendía, alta fidelidad, jaifi.»
Mi pobre silogismo (si p entonces q...) concluía insistiendo en que la falta de ligaduras era prueba de mayor fidelidad que su abundancia.
Así se lo expliqué varias veces, pero me abandonó por darle cobertura total ¡real! a una amiga recién agregada a mi red social.
viernes, 8 de mayo de 2009
Jatropha (tempate o piñón manso)
Quizás el nombre tan peculiar frene la difusión de esta alternativa a los biocombustibles destrozaselvas y rompecosechas más conocidos y denostados.
Crece en sitios donde no lo hacen otras plantas, con agua escasa y condiciones rebeldes. El biodiésel obtenido del fruto no envidia nada al cosechado de dinosaurios muertos.
Como en el cerdo, se aprovecha todo: el tronco da látex, las hojas, medicinas e insecticidas y la cáscara, fertilizantes. No se come; por tanto, no compite con aceites de nuestras mesas.
Las ventajas sociales «colaterales» son obvias, y sabemos que van llegando adonde antes sólo se recolectaba desesperación y miseria.
jueves, 7 de mayo de 2009
Face-Food (comida por la cara)
Expertos en ferias, cuchipandas y saraos de los de gratis total, estos inefables personajes saben exactamente qué se cuece en cada chiringuito, y dónde ubicarse para llegar a tiempo cuando la paella, por ejemplo, alcance su punto. Van solos. La compañía entorpecería su labor arrimatoria, y pondría en evidencia su afán.
Si tienen alguna edad, la tercera, llegan a enfrentarse con los que están en la cola, cuando vulneran su derecho a gorronear en orden. Faltaría más.
Una vez servidos, avanzan hasta la siguiente degustación. Quizás, recomienden en voz baja las mejores casetas a los recién llegados de su especie.
domingo, 3 de mayo de 2009
Gallos en el Raplamento

Estrasburgo cedía la solemnidad de su pleno a unos peculiares ciudadanos que solicitaron expresarse un rato en ese escenario tan insólito. Los ujieres contenían su recelo, ante tan colorida aglomeración de gorras beisboleras, pañuelos anudados, sudaderas anchísimas con capucha, deportivas enormes sin atar, pulgares y meñiques estirados y amenazadores. Comenzó la batalla de gallos.
Los emsis se emplearon a tope,
... calentando / a sus seguidores...
... con los versos / más provocadores..
Ese día hubo mucho contenido —quizás sólo continente— en cada turno, réplica y contrarréplica. El diario visual de la sesión colgaba de yutiuf poco antes de comer.
viernes, 24 de abril de 2009
No me libro de ser el pasado

Sacó el librochicle que le pasaron. Sentada en el monorraíl neumático, Malena ya salivaba pensando en su contenido. Sólo desenvolvió el primer gusticapítulo. El tren llegaría antes y no percibiría más sensaciones durante el trayecto.
Antes de agotarse los árboles, las editoriales habían encontrado formas novedosas de transmitir las novelas que los escritores destilaban sin cesar. La semialucinación creativa era la más exitosa. Provocaba efectos idénticos a la antigua lectura: vivir otras realidades, imaginar el perfil —antaño, carácter o rasgos— de los personajes, por ejemplo. Para mascarlas con fruición, además, sólo publicaban las historias escritas con originalidad y sabor persistente.
sábado, 18 de abril de 2009
Congratulación

La congratulación es un proceso semejante al gratinado, porque ambos dan lugar a una apariencia externa igual de crujiente y lustrosa. Las dos acciones se aplican casi siempre de forma superficial. Podemos congratularnos —a nosotros mismos, suerte de onanismo felicitador—, o hacerlo por lo que han hecho otros, pero sin decir «te congratulo», sino «me congratulo» de tus logros. El brillo y la rigidez consecuencia del gratinado saltan a la vista cuando la congratulación es pública, por ser una palabra sonora y polisilábica, pero lo sabroso del horneado se pierde tras hincar el diente a una felicitación poco sincera.
viernes, 17 de abril de 2009
Solucionadores

Cierro las orejas, a modo de murallas, ante la mentecatez sonora reinante de contertulios expertos, lenguaraces y colaboradores mediáticos cuyas intervenciones comienzan circunspectas por un omnipresente «el problema es que...» y variantes.
Como si no se expresaran por sí solas, surgen teorizantes de variados pelajes que definen nuestras congojas; en especial, esos gurús con lucs de sabihondillos, que lo hacen siempre a toro pasado.
La ratio «problema enunciado/solución propuesta» no deja margen al optimismo, pero mantiene en su puesto a esas legiones de verborreicos de pago alejados de las colas del paro, y librándoles de decir «el problema... ¿soy yo?».
jueves, 16 de abril de 2009
Legado

La norma dispondrá que toda persona próxima a dejar esta sociedad deberá elegir con esmero cómo quiere que la recuerden. Valdrán objetos, escritos, documentos gráficos o pruebas sensoriales multimedia de cualquier índole. Si quien marcha no elige bien, su futuro en la otra zona titubeará sobre la pobre calidad de dicha selección.
Un legado claro, incuestionable, prolongará la existencia; uno ambiguo, perezoso, la acortará. Esa duración dependerá de la intensidad del recuerdo cedido a los que permanezcan.
En realidad —y en ficción—, sólo abandonamos a los humanos al desvanecerse la última memoria que queda de nuestra estancia entre ellos.
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